Jerry Rivera: “Los cantantes nunca podremos igualar una historia vivida”

El salsero, que grabó por primera vez a mediados de la década del 80, cree que los músicos son como los conductores de una montaña rusa y tienen el privilegio de manejar las emociones del público.

Jerry Rivera se ha destacado en la interpretación de temas salseros, pero también ha cantado baladas, boleros y tangos.

Jerry Rivera se ve a sí mismo como el conductor de una montaña rusa. Él, con la música y su voz, es capaz de imprimirles vértigo a los destinos ajenos, pero también tiene la responsabilidad de calmar la marea cuando los niveles emocionales están desbordados. Mientras dura una de sus interpretaciones, que en la actualidad no deben superar los cuatro minutos, la consigna es hacer que el público pase por la mayor cantidad de sentimientos, pero el punto de llegada tiene que ser el mismo: la felicidad. El recorrido para cada quien es distinto, pero en manos de un chofer experimentado como el artista puertorriqueño el resultado debe estar garantizado.

 

Desde que se ganaba la vida cantando en restaurantes hasta que colmó grandes escenarios en la época de oro de la denominada salsa romántica, la conclusión para Jerry Rivera siempre fue la misma: la música se escucha con la piel. Por eso, con públicos escasos o con auditorios generosos, el derrotero tiene que estar establecido y la misión de quien porta el micrófono en la mano es motivar experiencias, hospedarse en el corazón de la gente y, lo más difícil en este tiempo de tantas ofertas sonoras, lograr la permanencia.

 

Al lado de su padre, diestro intérprete de boleros en formato de trío o de quinteto, aprendió la versatilidad. Mientras Edwin Rivera, director de agrupaciones como Los Barones Trío, les cantaba a las parejas, Jerry acumulaba en su cabeza letras, compases y ritmos con los que después podría defenderse en el competido espectro musical. Se sabía al derecho y al revés esas canciones tantas veces interpretadas, pero creía que podía aportarle algo a esa pieza y el condimento que hacía falta era su propia historia, su vivencia.

 

 

“En la salsa y en todos los géneros musicales está la trayectoria del estilo, pero también debe estar inmersa la historia de la persona. Por ejemplo, mi historia es que mi padre fue cantante de música para trío, más adelante grabó en quintetos conformados por cinco guitarras, así que yo me crié a su lado cantando los boleros de siempre. Al comienzo, a pesar de que me gustaba la salsa, yo no quería grabar un disco completo dedicado al género. Mi intención era lanzar un álbum que tuviera tres baladas, cuatro boleros, un tango, un merengue y, quizás, dos salsas, pero nada de esto sucedió”, cuenta el cantante que nació en Santurce (Puerto Rico), cuna de soneros como Ismael Rivera y Gilberto Santa Rosa.

En su producción discográfica debut, Empezando a vivir, puso en práctica el conocimiento de la audiencia que lo veía en restaurantes amenizando almuerzos de negocios o cenas románticas. Con el álbum se dio cuenta de que podía hacer lo mismo que en una tarima, pero a control remoto. El conductor de la montaña rusa tenía ahora a su disposición el mercado y las emisoras para multiplicar sus alcances. Las emociones transmitidas tal vez eran las mismas; lo que se modificaba era el medio a través del cual la gente podía escucharlo y sumarse a una cadena vertiginosa que va del amor a la indiferencia en pocos segundos.

 

Jerry Rivera ha grabado muchos álbumes dedicados a la salsa, pero también ha incorporado otros estilos, como cuando interpretó Vuela muy alto, una balada pop española que le abrió nuevos mercados y le permitió exhibir su talento en latitudes insospechadas. El artista se ha preocupado por innovar en formatos y por visitar ritmos que antes de tener el reconocimiento masivo que hoy ostenta ya cosechaba como parte de su acervo artístico.

 

“Ahora lo que intento es seguir rescatando lo que he sido como persona y ponerlo al servicio de lo que soy como artista. Todavía hay muchas facetas que no se han manifestado en mi carrera, faltan por aparecer muchos otros ritmos que también he abordado pero que la gente desconoce de mí”, cuenta Jerry Rivera, aunque aclara que no le interesa ser un camaleón de la música y que lo que más valora en el oficio es la sinceridad.

“Ahora lo que intento es seguir rescatando lo que he sido como persona y ponerlo al servicio de lo que soy como artista. Todavía hay muchas facetas que no se han manifestado en mi carrera, faltan por aparecer muchos otros ritmos que también he abordado pero que la gente desconoce de mí”, cuenta Jerry Rivera, aunque aclara que no le interesa ser un camaleón de la música y que lo que más valora en el oficio es la sinceridad.

Y continúa haciendo el paralelo entre su arte y una montaña rusa, porque tanto en un escenario como en el otro, nunca se sabe lo que vendrá. Para él, los artistas graban distintos estilos creyendo adivinar lo que la gente espera o tratando de identificar el gusto del público, pero todo resulta ser una gran apuesta que a veces funciona y en otras, simplemente, no pasa nada. Al género urbano le ha ido muy bien y es la propuesta que domina el consumo general en la radio y en las plataformas. Sin embargo, para Rivera, la salsa, el rock o la balada tienen sus espacios, y el éxito depende, más bien, de quien tenga el impulso para hacerlo bien y con criterio.

Y continúa haciendo el paralelo entre su arte y una montaña rusa, porque tanto en un escenario como en el otro, nunca se sabe lo que vendrá. Para él, los artistas graban distintos estilos creyendo adivinar lo que la gente espera o tratando de identificar el gusto del público, pero todo resulta ser una gran apuesta que a veces funciona y en otras, simplemente, no pasa nada. Al género urbano le ha ido muy bien y es la propuesta que domina el consumo general en la radio y en las plataformas. Sin embargo, para Rivera, la salsa, el rock o la balada tienen sus espacios, y el éxito depende, más bien, de quien tenga el impulso para hacerlo bien y con criterio.

“Yo no me puedo dejar llevar por lo que está funcionando nada más. Dejar de cantar los temas que me dieron a conocer es imposible. Todas esas letras hoy son más que canciones; son épocas, vivencias, historias para mí y para toda la gente que ha seguido mi trayectoria. Cuando el público escucha Amores como el nuestro o Cara de niño se enfoca en un fragmento específico de su vida. Como artistas podemos nivelar una canción, incluso superarla, pero nunca tendremos el poder para igualar una historia vivida. Yo estoy muy agradecido con esos temas del pasado y disfruto mucho interpretándolos”, dice Jerry Rivera, cuyos más recientes trabajos discográficos son El amor existe y un tributo al Zorzal Criollo titulado Caribe Gardel.

 

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